Rubén Darío.
Blason
El olimpico cisne de nieve
con el ágata rosa deñ pico
lustrea el ala eucarística y breve
que abre al sol como un casto abánico.
De la forma de un brazo de lira
y del asa de una ánfora griega
es su cándido cuello que inspira
como prora ideal que navega.
Es el cisne, de estirpe sagrada,
cuyo beso, por campos de seda,
ascendió hasta la cima rosada
de las dulces colinas de Leda.
Blanco rey de la fuente Castalia,
su victoria ilumina el Danubio;
Vinci fuew su barón en italia;
Lohengrin es su principe rubio.
Su blancura es hermana del lino,
del botón de los blancos rosales
y del albo toison diamantino
de los tiernos corderos pascuales.
Rimador de ideal florilegio,
es dearmiño su lírico manto,
y es el mágico pájaro regio
que al morir rima el alma en un canto.
El alado aristócrata muestra
lises albos en campo de azur,
y ha sentido en sus plumas la diestra
de la amable y gentil Pompadour.
Boga y boga en el lago sonoro
dondel el sueño a los tristes espera,
donde aguarda una gondola de oro
a la novia de Luis de Baviera.
Dad, marquesa, a los cisnes cariño,
dioses son de un país halagueño
y hechos son de perfume, de armiño,
de luz alba, de seda y de sueño.
Sinfonía en gris mayor.
El mar como un vasto cristal azogado
refleja la lámina de un cielo de zinc,
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruñido de pálido gris.
El sol como un vidrio redondo y opaco
con paso de enfermo camino al cenit,
el viento marino descansa en la sombra
teniendo de almohada su negro clarín.
las ondas que mueven su vientre de plomo
debajo del muelle parecen gemir.
Sentado en un cable, fumando su pipa,
está un marinero pensando en las playas
de un vago, lejano, brumoso país.
Es viejo ese lobo. Tostaron su cara
los rayos de fuego del sol de Brasil;
loa recios tifones del mar de la China
lo han visto bebiendo su frasco de gin.
la espuma impregnada de yodo y salitre
ha tiempo conoce su roja nariz,
sus crespos cabellos, sus bíceps de atleta,
su gorra de lona, su blusa de dril.
En medio del humo que forma el tabaco
ve el viejo el lejano, brumoso país,
a donde una tarde caliente y dorada
tendidas las velas partió el bergantín...
la siesta del trópico. El lobo se aduerme.
Ya todo lo envuelve la gam de gris.
Parece que un suave y enorme esfumino
del curvo horizonte borrara el confín
Sinfonía en gris mayor.
El mar como un vasto cristal azogado
refleja la lámina de un cielo de zinc,
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruñido de pálido gris.
El sol como un vidrio redondo y opaco
con paso de enfermo camino al cenit,
el viento marino descansa en la sombra
teniendo de almohada su negro clarín.
las ondas que mueven su vientre de plomo
debajo del muelle parecen gemir.
Sentado en un cable, fumando su pipa,
está un marinero pensando en las playas
de un vago, lejano, brumoso país.
Es viejo ese lobo. Tostaron su cara
los rayos de fuego del sol de Brasil;
loa recios tifones del mar de la China
lo han visto bebiendo su frasco de gin.
la espuma impregnada de yodo y salitre
ha tiempo conoce su roja nariz,
sus crespos cabellos, sus bíceps de atleta,
su gorra de lona, su blusa de dril.
En medio del humo que forma el tabaco
ve el viejo el lejano, brumoso país,
a donde una tarde caliente y dorada
tendidas las velas partió el bergantín...
la siesta del trópico. El lobo se aduerme.
Ya todo lo envuelve la gam de gris.
Parece que un suave y enorme esfumino
del curvo horizonte borrara el confín
La siesta del trópico. La vieja cigarra
ensaya su ronca guitarra senil,
y el grillo preludia su solo manótono
en la única cuerda que está en su violín.
Rubén Darío.
La literatura modernista.
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